Si prefieres seguir en la ignorancia de no saber qué clase de porquerías inmundas te ponen en la comida a ti y a tu familia la industria alimentaria, mejor no leas el siguiente artículo.
Carne de caballo vendida como carne de buey, té verde chino rico en pesticidas, polvo de ladrillo en el azafrán, mermelada de fresa sin fresas, especias mezcladas con excrementos de ratón o heces de pájaro, leche infantil al toque de melamina…
“Más de 5.000 personas mueren cada año por intoxicación alimentaria”
Christophe Brusset, directivo de grandes grupos de alimentación durante más de dos décadas ―en las que fue cómplice y testigo de muchas de estas prácticas―, rompe con su libro ¡Cómo puedes comer eso! la ley del silencio que impera en un sector en el que el fraude, a menudo, es la norma, de la que parece ser una competición planetaria para suministrar materias primas cada vez más baratas, en medio de la más absoluta impunidad.Al final del artículo se muestra una entrevista a Cristophe Brusset aún en francés, a ver si alguien se anima a traducirla a español.

La carne de caballo, el desencadenante

“Cuando vi el gran caso de la carne de caballo (vendida como carne de buey), me di cuenta de que algo había cambiado en la percepción de los consumidores. La cuestión ya no era que hubiera víctimas o no. La gente quería saber la verdad. Estaban preparados para escuchar lo que yo tenía que contar”.Heces en las especias molidas
El caso del azafrán en polvo es otro claro ejemplo, “algunos proveedores sin escrúpulos hacen locuras: no dudan en mezclar ingredientes como ladrillos machacados, colorantes prohibidos (…). Yo ya no consumo productos molidos ni triturados de tipo industrial”, afirma Brusset.
Orígenes dudosos

“Así, Estados Unidos puede comprar la cantidad de azafrán que desee bajo bandera española, sin tener que comerciar con Irán, país contra el que decretó un embargo”, leemos en el libro. Hay decenas de casos como este.
“España exporta más azafrán del que puede producir”
Las supuestas hierbas de la Provenza, según él, proceden mayoritariamente de Marruecos, Albania, Egipto o Túnez. “No se puede saber el origen de los productos porque el etiquetado se controla muy poco. Lo mejor es comprar marcas conocidas. Estas temen perder su reputación si hacen trampas”, nos explica.
Pimentón que no lo es

“En Murcia hay empresas muy conocidas que producen pimentón a partir de residuos de extracción, es decir, pimentón cuyo aceite esencial (Oleorresina Capsicum) se ha extraído por medio de disolventes. Llegué a comprar centenares de toneladas de esa porquería, que envasábamos en bonitas latas de metal serigrafiadas”, cuenta.
Menos cantidad, al mismo precio

“Esto es muy común. El peso estándar para un yogur, durante años, fue de 125 gramos por unidad. Ahora se encuentran muchos de 115 o incluso 100 gramos”, asegura. Si los envases son los mismos, claro, es fácil que al consumidor le pasen por alto estas cifras.
Rebozados congelados: todo vale

“No es una buena idea consumir rebozados industriales: no ves el producto, no puedes evaluar su calidad, y tienen más grasas y más sal. Son más baratos, pero su relación calidad/precio no es buena”.Más intoxicaciones de las que creemos
“Estas cifras son oficiales y están disponibles. La OMS considera que hasta 23 millones de personas cada año en Europa sufren una enfermedad transmitida por la comida, y 5.000 de ellas mueren. Las infecciones por salmonela matan a más de 200 personas en Europa cada año”. Nunca hubiésemos dicho que esto sucede en el viejo continente.
Entrevista a Christophe Brusset (francés):
Agradecimiento por la información proporcionada a Feliciano aceites esenciales