Plantar cara al cáncer con nuestras propias defensas: lo que la medicina no quiso probar en 2005 y empieza a probar en 2026

En 2005 se le negó a Ana el uso compasivo del tratamiento con neutrófilos que proponía Antonio Brú. Veinte años después, la inmunoterapia ha demostrado que la idea de fondo era buena. ¿Cuántas esperanzas se quedaron por el camino?

Ana sonriente apoyada en una pared de ladrillo blanco, con camiseta negra y un colgante
Dedicado, otra vez, a la memoria de Ana

En marzo de 2013 publiqué aquí un artículo que me costó mucho escribir: Antonio Brú y neutrófilos: otra posible cura contra el cáncer enterrada. Lo escribí al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de Ana, mi novia, a la que el cáncer se llevó muy joven después de que la Agencia Española del Medicamento le negara, por escrito, el tratamiento que queríamos intentar cuando ya no le ofrecían nada más.

Han pasado trece años desde aquel artículo y más de veinte desde que conocí a Antonio Brú en su despacho de la Complutense, cuando se ofreció sin pedir nada a cambio a intentar ayudar a Ana. Y hoy puedo contar algo que entonces solo podíamos intuir: la idea de fondo era buena. Usar las propias defensas del cuerpo para plantarle cara al tumor ya no es una rareza de un investigador madrileño. Tiene nombre, inmunoterapia, tiene un Premio Nobel y tiene miles de pacientes vivos que hace veinte años no lo estarían.

La pregunta que me acompaña desde entonces es otra: ¿cuánta gente se quedó por el camino mientras se tardaba tanto en mirar hacia ahí?

Lo que proponía Antonio Brú

Antonio Brú, profesor de matemática aplicada en la Universidad Complutense de Madrid
Antonio Brú, investigador de la Universidad Complutense de Madrid

Antonio Brú es físico y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. A finales de los noventa empezó a estudiar cómo crecen los tumores sólidos con herramientas matemáticas, y publicó sus resultados en revistas tan serias como Physical Review Letters o Biophysical Journal.

Su conclusión, dicha de forma sencilla, era esta: el tumor crece por los bordes, peleando por espacio. Y si conseguimos que nuestros propios glóbulos blancos, los neutrófilos, ocupen ese espacio en número suficiente, el tumor se queda encerrado y deja de avanzar.

Para lograrlo proponía un medicamento que ya existía, que se vendía legalmente y que era barato: el filgrastim, comercializado entre otros con el nombre de Neupogen, que se usa a diario para recuperar las defensas tras la quimioterapia. Lo que Brú planteaba era usarlo a otra dosis y con otro fin.

En 2009 su equipo, junto con el hematólogo Juan Carlos Souto y el investigador Luis Vila, del Hospital de Sant Pau de Barcelona, publicó en Medicinal Research Reviews una revisión de más de 440 trabajos científicos de cuarenta años que, según ellos, apuntaban en la misma dirección. Y en 2019 volvieron a publicar, esta vez en Scientific Reports, un estudio en ratones con cáncer de páncreas en el que los tumores tratados con este factor mostraban mucha más destrucción interna que los tratados con quimioterapia.

Lo que nunca llegó fue lo único que hacía falta: un ensayo clínico en personas.

TRATAMIENTO DE USO COMPASIVO DENEGADO

La ley española contempla desde hace décadas el uso compasivo: que un paciente sin alternativas pueda recibir un medicamento fuera de las condiciones habituales, con el informe de su médico y su consentimiento. Está pensado exactamente para casos como el de Ana. Personas a las que el sistema ya ha desahuciado y que no tienen nada que perder.

Ana lo pidió. La Agencia Española del Medicamento se lo denegó por escrito. Los documentos siguen en manos de su familia.

Y lo sé de primera mano: no fue solo Ana. Muchas personas desahuciadas pidieron lo mismo en aquellos años y recibieron la misma respuesta, en contra del espíritu y de la letra de una norma que existía precisamente para ellas. Según publicó entonces la revista Discovery DSalud, el Ministerio acabó admitiendo algunos casos, pero solo de dos tipos de cáncer, hepatocarcinoma y melanoma, y siguió negándolo en todos los demás.

Merece la pena releer, con calma, los motivos que daba la Agencia en sus cartas de denegación:

1. Que la idea de Brú sobre el crecimiento de los tumores estaba alejada de lo que pensaban los grupos oncológicos.

2. Que había poca información preclínica.

3. Que solo se había publicado un caso clínico.

4. Que las dosis superaban las de la ficha técnica y no se conocía su efecto sobre la calidad de vida de los pacientes.

Léelos otra vez pensando en quién los recibía. Personas a las que les quedaban semanas. Se les negaba un fármaco autorizado, conocido y barato porque la idea no gustaba a los oncólogos de turno y porque podía afectar a su calidad de vida. ¿Qué calidad de vida protege un papel que te condena a no intentarlo?

Que hubiera pocos datos era verdad. Pero para eso están los ensayos. Y si no los había, no era por falta de pacientes dispuestos ni de un investigador con ganas, sino porque nadie con dinero tenía interés en probar a fondo un medicamento barato y sin patente. Esa es la parte del problema que ninguna carta de la Agencia mencionaba.

Mientras tanto, la idea de fondo se abría paso

Mientras a nosotros nos llegaban esas cartas, otros investigadores en otros países trabajaban sobre la misma intuición: que el cuerpo sabe defenderse del cáncer y que lo que hace falta es ayudarle. No con neutrófilos, sino con otras células de defensa, los linfocitos T.

Esta es la secuencia, resumida:

  • 1890. El cirujano neoyorquino William Coley inyecta bacterias a pacientes con cáncer para despertar sus defensas. Su idea queda arrinconada durante décadas.
  • 2011. Se aprueba en Estados Unidos el primer fármaco que quita el freno a las defensas frente al tumor, el ipilimumab. Su primer gran éxito es el melanoma, uno de los dos cánceres en los que el equipo de Brú había visto resultados.
  • 2014. Llegan nivolumab y pembrolizumab, que actúan sobre otro de esos frenos.
  • 2018. James Allison y Tasuku Honjo reciben el Premio Nobel de Medicina por descubrir esos frenos.
  • 2026. Una vacuna personalizada de ARN mensajero, combinada con inmunoterapia, supera su gran ensayo en fase 3 en pacientes operados de melanoma.

Los números del melanoma avanzado lo dicen todo. En el ensayo CheckMate 067, con la combinación de dos de estos fármacos, el 43 % de los pacientes seguía vivo diez años después. Con el ipilimumab solo, el primero de estos fármacos, el 19 %. Hablamos de un cáncer que, cuando se extendía, era casi una sentencia.

No todo es de color de rosa, y conviene decirlo: esa combinación provoca efectos adversos graves en más de la mitad de los pacientes, y la inmunoterapia sigue sin funcionar en la mayoría de los tumores. Pero el camino estaba ahí.

Y los neutrófilos vuelven a escena

Neutrófilos, glóbulos blancos de color claro, rodeando y adhiriéndose a una célula tumoral de color violeta, vistos como al microscopio electrónico

Durante años se dijo que los neutrófilos eran, en el cáncer, más enemigos que aliados. Que el tumor los engaña y los pone a trabajar para él. Algo de eso hay: hoy sabemos que los neutrófilos pueden atacar al tumor o protegerlo, según el estado en que se encuentren.

Y precisamente por eso, en enero de 2023, un equipo de la Universidad de Stanford publicó en la revista Cancer Cell algo que habría hecho sonreír a Brú. En lugar de fabricar más neutrófilos, los activaron con una combinación de tres sustancias inyectadas en el tumor. Los resultados en ratones:

  • En melanoma, el tumor desapareció en 7 de cada 8 ratones, que seguían sin cáncer cinco meses después.
  • En otro experimento, desapareció en 8 de cada 10 con cáncer de mama, 8 de cada 10 con cáncer de colon y 4 de cada 10 con cáncer de pulmón.
  • Si antes se les quitaban los neutrófilos, no sobrevivía ninguno. Eran ellos los que hacían el trabajo.

El director del estudio, Edgar Engleman, lo resumió diciendo que sus resultados van contra la creencia de que los neutrófilos favorecen el tumor. Exactamente lo que defendía un físico de la Complutense veinte años antes, cuando nadie quería escucharle.

Ojo: todo esto sigue en animales. A día de hoy no hay ningún paciente tratado con la terapia de Stanford. Lo más cercano es una empresa europea que prevé empezar a finales de 2026 el primer ensayo en personas con células derivadas de neutrófilos. Otra vez, veinte años después, estamos en la casilla de salida.

Cuántas esperanzas se quedaron por el camino

Aquí es donde quiero detenerme, porque es lo que de verdad importa.

Solo en España murieron de cáncer 115.429 personas en 2023, según los datos que recoge la Sociedad Española de Oncología Médica. Si haces la cuenta desde que a Ana le cerraron la puerta, hablamos de en torno a dos millones de personas en veinte años. Dos millones de familias como la nuestra.

No digo que todas se hubieran salvado. Nadie puede decir eso, y la inmunoterapia de hoy tampoco salva a todos. Lo que digo es otra cosa: muchas de ellas habrían tenido una esperanza real si hace veinte años se hubiera invertido en esta línea el tiempo, el dinero y la voluntad que se invertían en seguir haciendo lo mismo. Si a las ideas que venían de fuera del circuito, como la de Brú, se les hubiera dado al menos la oportunidad de un ensayo. Si a quienes ya no tenían nada que perder se les hubiera dejado intentarlo.

La ciencia acabó llegando. Pero llegó tarde para Ana, y tarde para muchísima gente. Y llegó, en buena parte, por el camino que resultaba rentable patentar.

Las preguntas que siguen abiertas

En 2013 terminé aquel artículo con varias preguntas. Trece años después, algunas siguen exactamente igual:

¿Por qué nunca se hizo un ensayo clínico con filgrastim contra tumores sólidos, si el fármaco ya estaba aprobado y era barato?

¿Quién responde por las personas desahuciadas a las que se negó el uso compasivo que la ley les reconocía?

¿Cuántas ideas prometedoras siguen hoy en un cajón porque no hay una patente que las haga rentables?

¿Quién decide qué se investiga, y con el dinero de quién?

Si tú o alguien de tu familia pasasteis por algo parecido, si pedisteis un uso compasivo y os lo negaron, cuéntalo en los comentarios. Esa memoria colectiva es lo único que tenemos para que no se repita.

A Ana no le dejaron intentarlo. Este artículo es para que, al menos, no se olvide por qué y como siempre que pueda servir de ayuda a otras personas.

DESPERTARES

Preguntas frecuentes

¿Quién es Antonio Brú?

Antonio Brú es físico y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Desde finales de los años noventa estudia con modelos matemáticos cómo crecen los tumores sólidos, y propuso estimular los neutrófilos con filgrastim (Neupogen) para frenarlos.

¿Qué es el uso compasivo de un medicamento?

Es la vía legal que permite a un paciente sin alternativas recibir un medicamento fuera de sus condiciones habituales, con el informe de su médico y su consentimiento. En España hoy lo regula el Real Decreto 1015/2009.

¿Se llegó a probar en personas la terapia de Antonio Brú?

No. Hubo estudios en animales, una revisión de más de 440 trabajos científicos publicada en 2009 y un único caso clínico, pero nunca se hizo un ensayo clínico. En 2005 la Agencia Española del Medicamento denegó el uso compasivo a Ana y a otros pacientes.

¿Qué demostró el estudio de Stanford de 2023 sobre neutrófilos?

Que al activar los neutrófilos con tres sustancias inyectadas en el tumor desaparecieron tumores sólidos en ratones, por ejemplo en 7 de cada 8 con melanoma. Se publicó en la revista Cancer Cell y todavía no se ha probado en personas.

¿Funciona hoy la inmunoterapia contra el cáncer?

En algunos tumores, sí. En el melanoma avanzado, el 43 % de los pacientes tratados con nivolumab e ipilimumab seguía vivo diez años después (ensayo CheckMate 067). Aun así, no funciona en la mayoría de los tumores y provoca efectos adversos graves en muchos pacientes.


DESPERTARES no da consejo médico ni sustituye el criterio de tu médico. Si estás en una situación parecida, tienes derecho a pedir una segunda opinión, a preguntar por ensayos clínicos y a recibir toda la información sobre tu tratamiento. Lo explicamos en nuestra guía sobre derechos del paciente.

Fuentes

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